Tips para invertir en monedas de oro

La mayor ventaja de invertir en monedas en lugar de hacerlo en lingotes es que, si el inversor se equivoca, el margen de pérdidas es menor. Con todo, hemos de cuidar determinados aspectos para minimizar las posibilidades de equivocarnos.

Lo primero que hemos de tener en cuenta cuando compramos oro es su pureza -el máximo será 999-. Pero, con ser el primer factor, no es el único: para empezar, hemos de exigir una factura que, además de obligatoria, es la única forma de saber de dónde viene el oro que acabamos de adquirir.

Pongamos nuestro dinero en manos de un especialista

Para adquirir monedas de oro, empecemos acudir a especialistas de verdad, algo caro, ya que se cobra la acuñación, pero no tanto como permitir que un vendedor con pocos escrúpulos nos engañe. Y es que hay comerciantes que rebajan el contenido de oro de las monedas de modo que el comprador, si no es un experto, no lo nota.

Tengamos en cuenta que la onza troy son 31,10 gramos de la materia áurea y que debemos pagar por el oro que lleva la pieza, no por el peso «en bruto» de la moneda. Un ejemplo: una de las monedas más renombradas del mundo es la de cincuenta pesos mexicanos o Centenario. El peso total es de 41,66 gramo, pero tiene sólo 37,5 de oro en su aleación, que es por lo que hemos de pagar.

Algunos ejemplos de inversión segura

Algunas de las inversiones más seguras en este sentido son la Krugerrand de Sudáfrica, de 33 gramos, de los que 31,10 son oro fino. Y, tanto por pureza como por el valor para los coleccionistas, sería bueno adquirir la Panda china, la Maple de Canadá, el Águila estadounidense y el Calendario Lunar o el Nuget australiano.

Del mismo modo, también debemos valorar la posibilidad y disponibilidad del ya nombrado Centenario mexiano, la Filarmónica de Austria o la inglesa Britania. Todas esas monedas cotizan a precios parecidos al metal que contienen y salen de las casas de la moneda de sus respectivos países.

El último de los factores que vamos a mencionar -que no menos importante- es que la belleza también se compra y se vende, de modo que algunas de las monedas se revalorizan por eso, por su belleza. Pensamos, por ejemplo, en una Panda de 1982. Preciosa -y cara-.

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